Desde que yo me convertí, decidí creer por una vida mejor. Las cosas no cambiaron de un día para otro y no necesariamente algunas mejoraron, sino que se complicaron. Entendí que mi vida tenía un control, que tenía un propósito, que Dios me estaba moldeando de tal forma que estuviera preparado para el siguiente nivel de bendición para el que me quería llevar. Comprendí que es exigente, no es fácil, duele, pero es necesario. Una de las cosas que me ayudaron a entender fue poder encontrar dentro de mi corazón todas aquellas actitudes que pueden llegar a llamar la atención de Dios. Es importante que lo eduquemos, porque puede lograr mucho o perder mucho; puede avanzar o dejar de hacerlo, puede llegar a manifestar cosas que no nos gustan, pero de alguna manera, salen a luz. Por necio, no atendí al llamado de Dios antes, por eso debemos ir rápido para compensar el tiempo que perdimos haciendo cosas que no debíamos.