La guerra de la mente
Dante Gebel
En lugar de enfocarse en lo que no podía hacer, puso todos sus sentidos y su energía en aquello que sí podía hacer.
Una terapia saludable para un oscuro hábito
Cuando enfrentas la batalla de la mente, no puedes “intentar” dejar la pornografía o ese hábito oculto que te derrota en la intimidad, no puedes creer que con pasar al altar del domingo ya no te enfrentarás a tu gigante el lunes por la mañana. Te costará tu mayor esfuerzo diario, todos los días de tu vida.
Hace poco me contaron una historia fascinante y conmovedora. Se trata de un joven que cuando era niño había perdido su brazo izquierdo. Pero un día, al llegar a la adolescencia, decidió que quería practicar judo.
Sus familiares trataron de persuadirlo, diciéndole que no podía practicar artes marciales siendo manco. Pero al muchacho no le importó la imposibilidad. En lugar de enfocarse en lo que no podía hacer, puso todos sus sentidos y su energía en aquello que sí podía hacer: practicar judo con solo el brazo derecho.
Al poco tiempo había logrado sorprender a su mismo entrenador, al pedirle participar en un torneo regional. Para sorpresa de todo el mundo, este muchacho logró ganar el campeonato y ser el mejor en su categoría.
Un periodista le preguntó cuál era el secreto por el cual había ganado, a pesar que contaba con un brazo de menos que el resto. El joven respondió:
– Dado que tengo la imposibilidad de un brazo, tuve que concentrarme en trabajar muy duro en la gran mayoría de los ejercicios.
A diferencia de otros, sé que no puedo permitirme errores. Así que, como soy consciente que cuento con menos recursos que la mayoría, tengo que lograr la perfección en lo que hago. Pero el gran secreto –dijo en tono cómplice– es que la única manera que tiene el contrincante para vencerme, es tomándome del brazo izquierdo.
Increíblemente, este muchacho había logrado hacerse fuerte, justamente, en su misma debilidad. En lugar de sentarse a llorar y reclamarle a la vida el porqué ya no tenía su brazo izquierdo, trató de esforzarse al máximo, sacándole utilidad a lo que se suponía era su defecto.
Es que todos, sin excepción, tenemos una debilidad con la que hemos de tener que luchar por lo que nos reste de vida. El gran secreto es la manera en que reaccionamos a ella. La actitud que tomemos en esos momentos críticos es lo que hace que crucemos el desierto en tres semanas, o en cuarenta años.
Un testimonio real
Hace poco un ministro de alabanza se me acercó en su propia oficina, y extremadamente dolorido y avergonzado me confesó que una debilidad lo estaba matando espiritualmente.
– Estoy atravesando mi peor desierto –resumió.
Entre algunas lágrimas, este hombre, esposo y padre de varios niños, me comentó que un día, en la soledad de la oficina, decidió “investigar” algo acerca de la pornografía en Internet.
Me dijo que honestamente, no lo hizo por morbosidad, sino por simple curiosidad. Pensó que como era un hombre adulto, no le haría mal un poco de información acerca de este flagelo.
Stephen Arterburn dice que un hombre tarda veinte segundos en mirar una imagen pornográfica… y veinte años en borrarla de su mente. Y eso fue exactamente lo que le sucedió a este hombre que ahora lloraba amargamente en su propio escritorio.
– Estoy atado a todo tipo de basura virtual –confesó–Al principio esas imágenes me chocaron drásticamente, pero luego, de regreso a casa, no podía olvidar aquellas fotografías.
Al día siguiente volví a navegar por sitios para adultos, pensando que solo se trataría de una pequeña mirada más, totalmente inofensiva. Lo cierto es que desde hace meses me siento vulnerable a todo tipo de pornografía.
Lo que comenzó con una inocente mirada, se ha transformado en una adicción compulsiva. Cada vez que vuelvo a caer, siento una culpa atroz, pero luego, al cabo de unas horas, otra vez estoy envuelto en la misma trampa.
Aquel hombre me contó que en muchas ocasiones quiso hablar esto con su esposa, pero el temor al juzgamiento o quizá a perder su respeto, lo había hecho arrepentirse de confesárselo. Así que, hasta el momento en que finalmente me lo dijo, había optado por guardarse esa oculta debilidad en privado, hasta poder solucionarla. Pero lo peor era que se sentía demasiado sucio para orar o recuperar la integridad perdida.
Recuerdo que le mencioné que no tenía por qué darse por vencido. Que aún contaba con algo a su favor: reconocía que era un adicto a la pornografía y deseaba, profundamente, ser completamente libre de ello.
Luego le conté la historia del muchacho manco, e hice hincapié en que debía enfocarse en esforzarse por cambiar su estilo de vida, y no en su debilidad. Así que, nos pusimos a trabajar juntos.
Hicimos una oración, pero le aclaré que nada milagrosamente instantáneo iba a suceder. Ese es el gran problema que tenemos los predicadores cuando le pedimos a la gente que crea, piensan que la oración del evangelista lo cambiará como por arte de magia.
En muchas ocasiones se requiere mucho más que una imposición de manos. Se necesita un trabajo duro, un esfuerzo diario, entrenamiento.
No puedes “intentar” dejar la pornografía o ese hábito oculto que te derrota en la intimidad.
No puedes creer que con pasar al altar del domingo ya no te enfrentarás a tu gigante el lunes por la mañana. Te costará tu mayor esfuerzo diario, todos los días de tu vida.
Aún a los ochenta
Hace unos años, en una importante convención de las Asambleas de Dios de cierto lugar de los Estados Unidos, un reconocido evangelista, cuyo ministerio ha dado la vuelta al mundo entero, dijo:
– Tengo una palabra para los hombres de este lugar. Tengo ochenta y tantos años, y debo decirles que muchas veces me siento tan tentado como cuando era un joven adolescente. Nunca te distraigas, jamás bajes la guardia. Vas a pelear con tu carne hasta el último aliento de tu vida.
El gigante de la debilidad no suele aparecer los domingos por la mañana. Tampoco luego que acabaste de orar. Él esperará pacientemente a que estés un tanto deprimido, solo, o cuestionándote algunas cosas. Entonces, como Goliat, hará su entrada triunfal en tu valle privado de Ela.
Te dirá que nadie se enterará si miras una película para adultos en la soledad del hotel. Es tan sencillo, nadie se enterará.
Te susurrará que un hombre debe estar medianamente informado, y que un vistazo a algunas páginas pornográficas te pondrán al tanto de lo que afecta al mundo.
Mencionará que como eres maduro, hay cosas que a ti no te producirán ningún daño. Luego, cuando te sientas por tierra, te dirá que no te atrevas a volver a orar o pedir perdón al Señor. Que ya lo intentaste y fracasaste. Que, obviamente, no has nacido para ser íntegro.
La terapia: un día a la vez
Es por esa misma razón que comenzamos una saludable terapia, para ayudar al hombre que me confesó su lucha privada. Convenimos que de alguna manera le pediría ayuda a su esposa. Que buscaría la forma de confesarle su debilidad, para que sea ella quien lo supervise en los momentos de mayor presión.
Pero que debía seguir luchando, que se trataba de una guerra mortalmente seria para su vida espiritual. Que esta iba a ser su batalla diaria.
Y que cada noche que llegara a la cama sin haber cedido a la tentación, debía agradecer al Señor por haberle dado fuerzas, pero que debía pedir una nueva dosis de esfuerzo para el siguiente día.
Hace poco me lo encontré en una reunión de pastores. Y me mencionó que estaba luchando todos los días, y que hasta el momento no había fracasado.
Que comprendió que la tentación lo espera a la vuelta de la esquina, y es por eso que no permite que el enemigo lo acuse cuando se siente tentado. Pero que ofrece resistencia a cualquier tipo de pensamiento impuro.
– Desde que tomé esta decisión de practicar esta “terapia de santidad” –dijo– parece como si una suelta de demonios hubiese venido en mi contra. Me han sucedido las cosas más atípicas. Pero estoy dispuesto a redoblar mi pelea. Voy a ganar esta batalla de la mente.
Gracias al Señor, mi amigo ya no intenta luchar, se está entrenando para ganar. Y por lo que me cuenta, el infierno ya se ha enterado de ello.
Tomado del libro: “Las arenas del alma”,
Editorial Vida/Zondervan.
Lucas Leys
Podemos aceptar sus tiempos y acompañar el proceso, o podemos retrasarlo quejándonos y escapándonos.
Un hombre encontró un extraño huevo y le llamó tanto la atención que lo llevó a su casa para mostrárselo a su esposa. Al día siguiente el huevo hizo un leve movimiento y notaron que se estaba produciendo una pequeña perforación. Se quedaron mirando al huevo por un buen rato y observaron que el pájaro estaba esforzándose para romper el huevo.
No parecía progresar mucho, de modo que el hombre rompió un poquito de la cáscara alrededor de la grieta. Nada. Pensaron que el pájaro estaba desesperado y nunca podría salir de allí. La cáscara parecía demasiado dura para que un pichón la rompiera, así que tomaron una tijera y comenzaron a abrir el huevo.
El ave por fin salió, pero tenía el cuerpo muy contraído y las alas pegadas al cuerpo. El matrimonio observó expectante, pero nada pasó. El pichón quedó atascado en esa posición, sin poder volar.
En su impaciencia, no habían pensado que el ave necesitaba luchar adentro del huevo e intentar salir por el pequeño hoyo que había hecho porque esa era la manera que Dios había diseñado para forzar los fluidos que debían llegar a las alas para que el pájaro pudiera volar una vez salido del huevo.
La escuela de la paciencia
Por imperceptible que te parezca, Dios está haciendo un trabajo en tu vida y en la de la iglesia. Recuerda: él te está perfeccionando. Dios es un artista; el apóstol Pedro decía: “Después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. 1 Pedro 5.10
Podemos aceptar sus tiempos y acompañar el proceso, o podemos retrasarlo quejándonos y escapándonos. Aceleramos el proceso cuando entendemos qué es lo que Dios está tratando de hacer.
Durante ese tiempo Dios moldea tu corazón conforme a su carácter y sus propósitos. Pasaron muchos años entre que David fue ungido y finalmente llegó a ser rey. Incluso pasó mucho tiempo entre la batalla con Goliat y la consolidación del reino. Primero vinieron pruebas, exámenes, frustraciones y la tentación de posibles atajos.
Es más fácil cambiar siendo joven; una vez que has diagramado tu vida alrededor de ciertos hábitos es más difícil cambiar. Por eso es urgente que te inscribas en el tratamiento de Dios ahora, ya. Dejarlo para más tarde es perder el tiempo y frenar la meta de Dios de moldearte conforme a su corazón. El Dios de toda gracia quiere hacerte fuerte, firme y estable.
Así se hicieron los grandes
Es bueno que sepas que Dios siempre usó el mismo método con sus hijos queridos. Míralo a Abraham: pasaron años desde la promesa de Dios de hacer de él una gran nación hasta que por fin puedo tener a Isaac. ¡Y después Dios se lo pide! No obstante, hasta eso formaba parte de la preparación de Abraham.
Mira a Moisés, el príncipe de Egipto; siente compasión por su pueblo y quiere brindar una solución instantánea. Mata a un egipcio y tiene que escapar. Se queda en el desierto ¡cuarenta años! Dios le dice que va a ser el libertador de los hebreos, Moisés se niega, no quiere saber nada. Después de muchas pruebas y experiencia, finalmente cruza el Mar Rojo con el pueblo.
Mira a Josué ¡Cuántos años pasó al lado de Moisés! Este hombre tenía la fuerza, tenía la valentía… pero tuvo que esperar.
Podríamos seguir, pero mencionemos sólo a Pablo para terminar. Uno pensaría que después de su conversión instantáneamente empezó a ser el gran apóstol. Pero no; Gálatas 2 nos relata que pasó catorce años antes de poder estar cerca de los otros apóstoles, ¡catorce años!
Muchos tiran sueños y proyectos por la borda porque al mes del gran congreso algo no salió como esperaban, y ya decidieron dedicarse a otra cosa. Pero Dios tiene sus planes, y es importante aceptarlos.
Humillarnos delante de Dios
Hay muchas otras características incluidas en estas que compartimos. Visión, autoridad y sacrificio encierran en sí mismas humildad, pasión, amor, paciencia, dominio propio, sabiduría y fe. Dios quiere dártelas; sólo debes dejarlo moldear tu corazón. Debes reaccionar correctamente a las pruebas, con la confianza de que Dios tiene planes para ti porque te ama. Para eso, necesitas pasar tiempo en su presencia y rendirte a él.
David buscaba a Dios con sinceridad. Hablaba con él en la intimidad. Componía salmos cuando estaba afligido, cuando estaba contento o cuando necesitaba confesar un pecado. Todo en su vida era motivo de diálogo con Dios. Por eso la Biblia dice que David era “conforme al corazón de Dios”.
Después de reconocer su más vergonzoso pecado David fue directo a la presencia de Dios a derramar todo su ser allí. Eso es lo que lo hizo un líder distinto.
Podemos hacer nuestra su canción en el Salmo 51.
Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.
Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre. Yo sé que tu amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.
Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu Santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti. Dios mío, Dios de mi salvación, líbrame de derramar sangre, y mi lengua alabará tu justicia.
Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza… El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido. En tu buena voluntad, haz que prospere la iglesia.
Tomado del libro: Viene David
El está por moverse y te dará algo más que una bendición, más que posición, algo que le da propósito a tu vida, lo que el dinero no puede comprar, lo que sólo Dios puede impartir
Nada es imposible para Dios, todo es posible para el que cree, la fe te da la habilidad de conectarte con el omnipotente.
¿Estás listo para creerle a Dios por lo imposible?
Yo sé los planes que tengo para ti, planes para hacerte bien y no mal, para darte el final que tú estás esperando. Tu expectativa de lo que Dios va a hacer en este Ensancha es lo que va a provocar que cuando regreses a tu casa, red, iglesia, vayas cargado con la gloria de Dios, porque creíste y esperaste.
Si Dios respondiera a la necesidad, no habría hambre, hospitales, huérfanos, Dios responde a la fe, y nosotros vamos a creer con todo nuestro corazón que al salir de esta conferencia, el Señor habrá cambiado nuestra vida para siempre.
Declara: “Señor Jesús, aquí estoy, he venido por ti y tú has venido por mí; por lo tanto, por medio de mi fe, uno mi humanidad a tu divinidad, has conmigo como a ti te parezca. Al final de esta conferencia, yo habré sido transformado por tu Espíritu, restaurado por tu amor, y hecho nuevo por tu Palabra en el nombre de Jesús. Gracias por este tiempo glorioso en tu presencia. Hazme un embajador de sanidad, de bendición para mi familia y nación”.
Rut 3:1-4
Después le dijo su suegra Noemí: Hija mía, ¿no he de buscar hogar para ti, para que te vaya bien? ¿No es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas tú has estado? He aquí que él avienta esta noche la parva de las cebadas. Te lavarás, pues, y te ungirás, y vistiéndote tus vestidos, irás a la era; mas no te darás a conocer al varón hasta que él haya acabado de comer y de beber. Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí; y él te dirá lo que hayas de hacer.
Cuando la Pastora Sonia estuvo en nuestra conferencia anual de mujeres llamada Redoma, ella nos llevó un cartel con el tema de Ensancha para este año, este cartel hablaba que debemos aprender a superar nuestros propios logros.
El libro de Rut nos enseña algo respecto a esto. Este libro es uno de los más poderosos en donde vemos a una mujer que vio sus sueños desvanecerse en sus manos. Vio cada una de sus bendiciones robadas por el diablo, pero éste no pudo robarle le fe. Tú puedes perder muchas cosas, pero mientras tengas fe, el Señor puede levantarte porque todo es posible al que cree.
Esta mujer perdió todo, tenía una tribulación, perdió un familiar, bienes, nación, estatus; sin embargo, no perdió su fe. No hay nada que el diablo te pueda robar que la fe no te lo pueda devolver y multiplicar. Satanás se llevó todo lo que Job tenía, se llevó muchas cosas, pero en el capítulo 42 de Job dice que Dios duplicó lo que el diablo le robó. No hay nada que la mano de la fe no pueda tomar.
Rut comenzó a creerle a Dios de una manera muy sutil, le creyó a través de Noemí. Ella representa el Espíritu Santo en algunos momentos. Es interesante que siempre que le creemos a Dios, lo hacemos inspirados por el Espíritu de Dios.
El enemigo pidió a Pedro para zarandearlo y Jesús se lo dio. Cuando sacuden el trigo, el grano cae. Pablo decía: “Podemos ser sacudidos, pero jamás vamos a ser destruidos”. La Palabra dice que el justo cae, pero Jehová no lo dejará postrado. Jesus le dice a Pedro: “El Diablo te pidió para zarandearte, pero yo he rogado para que tu fe no falte y cuando vuelvas, consueles a tus hermanos”.
Jesús no dijo: “He rogado para que el banco te dé el préstamo o el médico te dé un mejor diagnóstico”. Sino que rogó para que la fe no le faltara, porque si tenemos fe, estamos garantizados a triunfar. El horno de fuego se calienta, pero sales de él; puedes caer en la cárcel como entró José pero después te sentarás en el trono, porque aunque el enemigo haga caer tu fruto, nada te será imposible si crees.
Rut atravesó por esto; perdió todo. Martín Lutero estaba triste, deprimido por las persecuciones y se encerró en un monasterio y pasó 18 días sin comer, su esposa, Catalina Lutero, entra vestida de negro, de luto y toca la puerta, entra a la habitación y él la mira y dice: “Y dime mujer ahora, ¿quién se murió? Y ella le dijo: “El Dios del cielo se murió” y él se paró muy molesto y le dijo: “¿Cómo eres capaz de blasfemar y decir que el Dios que hace vivir lo que está muerto, murió?” y ella le dijo: “Si tu Dios no está muerto ¿por qué te preocupas? Mientras Jehová esté en el trono, no tienes que temer. Aunque el enemigo te sacuda, la victoria es tuya”.
Nuestro Dios está vivo
Tu Dios está vivo; México, Panamá, España, Guatemala, TU DIOS ESTA VIVO.
Rut perdió todo, pero no perdió su fe, y cada vez que alguien tiene fe, produce algo, el que tiene fe trabaja, porque la fe sin obras es muerta. Todas estas cosas que vemos en este escenario fueron hechas por gente de fe, que entendió que si creían algo de todo corazón iban a lograr ver sus sueños hechos realidad. Todo pintor, escultor dice que toda invención es un 1% inspiración y un 99% perseverancia. La Palabra dice en Proverbios 14:14 “Sin bueyes el granero está vacío; Mas por la fuerza del buey hay abundancia de pan”
Hay gente que usa la doctrina de la prosperidad para ser haraganes; cuando lo que la fe produce son obras. La fe bíblica hace que Jesús deje la gloria del Padre, hace que venga a desiertos a morir por ti. Cuando crees que Dios te va a prosperar, multiplicar, hacer algo grande, trabajas con todas tus fuerzas y Rut creyó.
Rut 2
Dice que ella creyó que era posible. Empieza a trabajar y le dice a Noemí: “Nos vemos más tarde, voy a espigar al campo”.
Hay iglesias que no crecen, porque hay gente que no cree que pueda crecer y por eso no evangeliza. Yo estoy aquí porque creo que estoy parado delante de una generación que va a sacudir la tierra; por eso predico, por eso declaro la gloria de Dios porque sé que Dios te usará poderosamente. Tú estás aquí porque crees lo mismo que yo; crees que vas a ser embarazado con una semilla de Dios, vas a echarle mano al premio y verás la multiplicación de tu vida. Han venido personas en buses de otras naciones, vinieron de todas maneras, medios de transporte, gente que se movió para recibir una palabra de Dios, es gente que cree que va a recibir algo de Dios.
Cuando Rut empieza a trabajar duro, Booz que es un símbolo de nuestro Señor Jesucristo, la ve y dice: “¿quién es ella?”. No importa que seas mujer, no importa tu nación, tus deudas, si tú puedes creer, obedecer a Dios y trabajar duro, él dirá: “Allí hay una mujer que va a transformar la nación. Sin saber quién era pregunta por ella y el reporte que le dieron fue “es la moabita, se ha dedicado a espigar y nos ha puesto a todos en vergüenza; no se ha sentado en la mañana ni en la tarde”. Cuando oras como nadie ha orado, cuando crees, como nadie lo ha hecho, cuando te mueves a otro nivel que los demás lo hacen, Dios lo va a notar.
Mi iglesia no se mueve de acuerdo a los preceptos y conceptos de los Estados Unidos. Muchos me dijeron que no iba a funcionar, pero delante de Dios no hay gentil, no hay distinción de personas. Por eso, el evangelio funciona en Rusia, China, Guatemala, Seúl, porque no importa lo que está alrededor, no importa la sociedad. Cuando Dios cambia a un hombre, el mundo entero cambia. Dios tomó a un joven llamado Carlos Luna, lo transformó y comenzó a sacudir Guatemala y las naciones; llama a Guillermo Maldonado, a Rudy Gracia y los transforma. Los hombres empiezan a sacudir multitudes, no importa el lugar. Si permites que Dios te use, él te usa.
Los que inventaron el avión eran hijos de un pastor metodista. Ellos decidieron trabajar hasta ver que un día el hombre pudiera volar. Hay un tipo de obra que nace de la desesperación, de la energía que te hace creer a la fuerza. Rut dijo: “O me muero o sigo adelante”. Empezó a trabajar más que todos y, de repente, empieza a recibir la remuneración de su trabajo, no puedes cosechar lo que no siembras, no puedes obtener lo que antes no has sembrado en otros.
Ella trabajó duro y fue notada por Booz, y cuando él la nota, empieza a bendecirla, a pesar de que era mujer, moabita. Mientras Dios te ame, te note, que no te afecte lo que digan los demás. Los trabajadores estaban celosos de Rut.Cuando David iba a derrotar al gigante, le decían muchas cosas. Debes aprender a mandar a callar a todo aquel que te hable lo contrario a la Palabra de Dios.
Booz la empieza a bendecir por encima de los demás; hay gente que no quiere a los pastores que crecen. Vivimos apoyados en lo que podemos hacer, y no en lo que Dios puede hacer en nosotros. El diablo me dijo que no iba a llegar a ningún lado, pero no es lo que el hombre diga. La última palabra la tiene el Alfa y Omega, el que te dará a poseer las puertas de tus enemigos.
En el capítulo 2, Booz empieza a bendecir a esta mujer. En el verso 8, le dice: “No te vayas, quédate aquí”.
Verso 9. Empieza a reconocerla y a decirle: “Sé quién eres tú”. Nota lo que el hombre no nota. En el verso 13, empieza a darle provisión, le da pan, agua, le dice “siéntate aquí”. ¿Cuántos estarían felices de que Dios te siente en lugar de abundancia? Aunque la gente no se dé cuenta, el día de tu promoción está cerca. Le decía a todos: “No se atrevan a molestarla; ella es especial. Cuando ella esté caminando detrás de las espigas, dejen que se caiga más al suelo, porque a ella le dará una porción extra. Dios no nos va a dar lo mismo a todos. La Biblia dice que Dios entrega los talentos de acuerdo a su capacidad. El te trajo a ensanchar tu corazón, Dios te dará conforme a tu fe, lo que estás dispuesto a creer. Cuando Dios te cambia, tu mundo cambia; tú cambias al mundo.
Rut llega a su casa y cuando Noemí la ve y la mira, Rut le dice: “¿Qué pasa? Estoy feliz, y Noemí la mira y le dice: “¿Qué es eso?”. Y ella la miró porque muchos peligran en quedar atrapados en su propio éxito. Dios tiene mucho más para ti. Este es el principio y Noemí le dice: “no, no no… usted podrá tener bendición, pero no necesita bendición, sino redención”. Llegar a una vida que tenga un flujo constante de bendiciones para los que le rodean. Muchos quedan atrapados en la bendición inicial, pero Dios tiene más.
Noemí le da la clave de la promoción de todo hombre y mujer de Dios y le dice: “Es tiempo que tú te cases con este hombre, porque fuiste llamada a ser la dueña de la viña, no sólo a recibir bendición”.
Si eres pastor de una iglesia familiar, prepárate para ganar la nación. Luego al continente y extiéndete, porque fuiste llamado a ser dueño de la viña.
Noemí le explica, qué debía hacer.
Capítulo 3
1.Te vas a lavar. Toda promoción comienza con santidad; debes lavarte. La Biblia dice que el muladar o letrina tenía que estar fuera del campamento, porque Dios no quiere suciedad dentro de la iglesia. En el momento en el que Dios te va a prometer, te ordena lavarte; sin santidad nadie verá al Padre.
2.Te vas a ungir. Necesitas una unción de Dios. Es la unción la que pudre yugos; el diablo entiende una cosa y es la unción del Espíritu de Dios.
3.Te cambiarás tus vestidos. Esto quiere decir que cuando tú te vistes, vas para un lugar. No te vistes con shorts cuando está lloviendo; vestirse es el preámbulo del lugar a donde vas a ir. Si hay frío, te vistes para frío. Cuando ella le dice: “Te vestirás, necesitas una nueva visión, vístete de novia, vístete como una persona que va a cambiar la nación”. Cuando entro a un lugar, lo hago creyendo que el reino de los cielos está entrando a ese lugar, que hay una escolta en mi vida. Tu mente debe cambiar, vístete para triunfar. Las mujeres cuando van al salón, se sienten tan lindas, porque el vestirse es un simbolismo de que va a cambiar. Vístete para triunfar, como que ya has triunfado; la fe es la certeza de lo que esperas, la convicción de lo que no ves. Cambia tu manera de pensar. Si lo crees, vívelo ahora, duerme como un pastor próspero, levántate como un profeta, desayuna como el presidente de tu nación. Si quieres una promoción, debes empezar a cambiar tu mente. Camina creyendo que eres el embajador, que la unción está sobre ti.
4.
Obedece y espera a sus pies. Ella le dijo: “Vas a ponerte a los pies de él y vas a esperar”. El Espíritu Santo le dijo: “Yo sé en dónde va estar Dios”. Lo que Dios está haciendo es educar a su pueblo, y ellos dijeron: “Si Dios va a derramar una unción de multiplicación, estaré en todo lugar donde se hable de eso, estaré a los pies del Señor. Somos embajadores del Reino de los cielos. Rut dijo: “Voy a obedecer todo lo que digas, porque es la obediencia la que desata la bendición. Rut pudo conformarse con la bendición inicial, pero el Espíritu Santo no se va a rendir hasta verte rendido a los pies del Señor, por eso estás aquí a pesar de que tuviste obstáculos para venir. Allí estaba Booz y a la media noche, él se da una vuelta y nosotros sentimos cuando el Espíritu Santo se da una vuelta, se topa contigo y choca con una generación rendida a la voluntad de Dios. Te has posicionado para triunfar y el Señor te mira a sus pies y te dice qué haces aquí y tú le dices: “Estoy esperando la bendición. Escucha, Booz le dice: “Bendita seas, viniste a mí”. Cuando tus intenciones para triunfo son genuinas, cuando tu deseo son las almas, no es para los aplausos de la gente. Cuando es ver su gloria y poder de Dios, el Señor pone sobre ti una unción especial. Booz la toca y le dice: “¿Qué quieres?”. Y ella le responde: “Lo que yo necesito no es dinero, no es amor; lo que necesito es redención, necesito un nombre en mi vida, algo que le dé sentido a mi bendición, necesito más que espigas, necesito que mi vida cobre sentido”. Dios es el único que da sentido a las bendiciones, tú viniste a esta conferencia a mucho más que a recibir bendición, viniste a recibir transformación, no te conformes con tener promociones, títulos, échale mano a aquello a lo que le dé sentido a la bendición; échale mano a un propósito eterno, trabaja por el pan que dura para la vida eterna.
La unción de Dios ya está produciendo. Levanta tus manos y ríndete, coloca tu vida a los pies del Señor, El está por moverse y te dará algo más que una bendición, más que posición, algo que le da propósito a tu vida, lo que el dinero no puede comprar, lo que sólo Dios puede impartir.
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