La vida sin amor, no tiene sentido. Lo que importa no es tanto lo que uno hace sino cuanto amor pone al hacerlo.
En mi batalla por ser integro en mi matrimonio, entendí esto, no es cuanto deseo tenga de ser fiel, si no cuanto amor colocaré en ser fiel.
Hoy, tiempo después de ser descubierto en adulterio, estoy luchando día a día por restaurar las heridas que dejo este pecado, validando día a día un arrepentimiento genuino por medio de la transparencia, honestidad, sinceridad, a través de vivir en integridad y amor.
Mi esposa me perdonó, y tuve la oportunidad de empezar de nuevo, la oportunidad de construir todo aquello que el enemigo quiso robar. El perdón lo podemos obtener en el momento, pero la confianza necesita tiempo para restablecerse.
¿Sabes? Entendí que no se trata de sentirme culpable cada vez que vea a los ojos a mi esposa e hija, no se trata de permitir que mi pasado siga ocupando un lugar de vergüenza en mi corazón y en el corazón de mi familia, se trata de restaurar las bendiciones que Dios nos prometió al colocarle ese anillo en su mano, se trata de no olvidar el propósito que Dios nos dio al unirnos en matrimonio, se trata de reconocer que todo fue un plan del enemigo, se trata de pelear por validar el verdadero amor.
¿Cuál es el verdadero amor? Cuando llevamos una vida doble por caminar en adulterio, decimos frases, palabras, mentiras, hacemos lo que sea para hacerle saber a la “otra mujer” que queremos estar con ella, pero ese no es el verdadero amor. Amigo, eso fue pecado, pues el verdadero amor jamás puede estar basado en una mentira.
El verdadero amor es el que está basado en la verdad y ese amor te espera en casa. Siempre ha estado allí, porque es el que puedes tomar de la mano fuertemente y vivirlo sin esconderte, puedes expresarlo sin temor a ser descubierto, porque si alguien lo hace, sabrá que estas con la persona indicada, tu esposa.
Comparto contigo estas líneas, es una carta a mi esposa:
“Mi amor, hoy quiero demostrarte cuanto te amo dedicándote tiempo. Mi amor ya no será medido por lo que pienso o hago, sino por cuanto te entregaré de mí, no habrá nada que substituya el poder pasar tiempo contigo. No tengo ninguna garantía sobre el mañana, hoy te quiero expresar todo mi amor a través de mi fidelidad.
¡Quiero que vivamos la vida juntos! Sé que esto implicara ser verdaderamente honesto con lo que es de nuestras vidas y con lo que ahora sucede. Me esforzaré por promover todo lo que induzca a la paz y a la mutua edificación. Probablemente aún habrán conflictos, pero no perderé el enfoque y buscaré soluciones para no prolongarlos.
Nunca más se tratará de tí o de mí, se tratara de nosotros, poner en práctica la misericordia, en lugar de enfatizar nuestros errores.
¡Hoy creo el compromiso de expresar mis sentimientos, de animarnos en tiempos de dificultad, de apoyarnos, de perdonarnos en misericordia, de hablarte la verdad en amor, de reconocer mis debilidades en lugar de pretender ser fuerte, de respetar nuestras diferencias, de no vivir una vida doble, de aprovechar el deseo que Dios puso en tu corazón de darme una oportunidad para continuar conmigo después de mi pecado, y de asistir a la iglesia con gozo y constancia!
Creo el compromiso de ser el esposo, siervo, amigo y líder que Dios puso a tu lado, ¿y sabes? ¡hasta el día de hoy sigo convencido que este compromiso es parte de Su propósito para nosotros!
TE AMO.
Amigo, comparto también contigo esta oración, que llevo en mi teléfono móvil, y realizo todos los días:
“Padre celestial, reconozco que esa relación fue un pecado. Estuvo mal, no fue de tí. Decido no tener nada que ver con esto jamás. Gracias por darme la capacidad para terminarlo con gracia y rectitud.
“Padre celestial, al renunciar a esa relación, no he perdido nada que sea necesario para mi vida, lo que perdí fue un pecado, y ese pecado era destructivo para mí. Por lo tanto te declaro que me alegra que terminara, es bueno para mí, el propósito que tienes para mi vida y mi familia. He tomado la decisión adecuada. Me quedo CONTIGO, ayúdame a restaurar mi matrimonio.
“En tu palabra estableciste que una mujer, mi esposa, es todo lo que necesito para saciar mis deseos y sueños, acepto esta verdad. Hoy mismo deseo procurarlo de manera activa, declaro mi deseo de obedecerte y servirte, invertiré tiempo en mi esposa y mi hija…. Amén”
Cuando termina un adulterio, recuerda, no la extrañas a “ella”, no extrañas lo que “ella” te decía, no extrañas lo que vivías con “ella”, lo que extrañas es el pecado y como hijos de Dios, no te permitas extrañar algo que solo te alejará de Él, de Su presencia.
Te alejará día con día del propósito que tiene para tu vida y de tu familia, como cabeza de hogar, reconoce hoy que si sigues fallando, no solo eres tú quien cosecha las consecuencias, es también tu familia la que sufrirá el dolor que trae el pecado de adulterio.
Te pido que pienses en lo que leíste acá. El pecado de adulterio es un pecado acusador que puede castigarte con recuerdos y vergüenza, para no dejarte ir. Comparto contigo esta carta y esta oración, para ayudarte a comprometerte a no ceder más. ¡Tú puedes salir hoy de este pecadohoy !,
Fuente | www.libresencristo.org
¿Qué puedo hacer si mi familia no acepta que me case por la iglesia cristiana?

Ora por tu familia, declara con fe que tú y tu casa servirán al Señor, que tu futuro matrimonio será luz para ellos.
Pregunta:
Hace seis años conocí a mi novio y tenemos planes de casarnos. Cuando lo conocí, yo no asistía a la Iglesia Cristiana pero ahora asisto con él. He aprendido mucho desde que voy a Casa de Dios; mi familia es muy católica y hasta el momento no me habían dicho nada, cuando yo les comente que me quiero casar por la iglesia Cristiana no lo aceptaron, me sentí mal por mi familia. No se que hacer.
Respuesta:
La palabra del Señor nos da una clave poderosa para influir en la conversión de nuestra familia en 1 Pedro 3:1 “…si algunos de ellos no creen en la Palabra, que puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa.” Aunque en el contexto de este pasaje se esta hablando del matrimonio, sin duda alguna lo podemos poner en práctica con otras personas.
Cuando nos hemos convertido al Señor, nuestra familia es la primera en estar a la expectativa del nuevo cambio (más aún si ellos no se han convertido), por lo que enfrentamos 2 grandes retos al mismo tiempo, primero: perseverar en la búsqueda de Dios y segundo: lidiar sabia y pacientemente con los comentarios que nuestra familia o amigos cercanos, expresan constantemente acerca de nuestra decisión de seguir a Cristo. Sin embargo, esto va a ser posible si buscamos ser transformados genuinamente por Dios por medio del amor y la obediencia a su Palabra y nos esforzamos por perseverar en ello.
Efesios 4:21-26 “Por eso, ya no vivan ni sean como antes, cuando los malos deseos dirigían su manera de vivir. Ustedes deben cambiar completamente su manera de pensar, y ser honestos y santos de verdad, como corresponde a personas que Dios ha vuelto a crear para ser como él.”
Al haber un cambio genuino que brota desde nuestro interior, nuestra nueva vida en Cristo se vuelve deseable para aquellos que nos rodean por que están gustando de los nuevos “buenos” cambios que hay en mi carácter, en mis hábitos, en mis respuestas… ahora tengo más amor, más paciencia, gozo verdadero, fe y un Padre celestial que me llena y responde a mis necesidades ¡Que novedad de vida! De esta manera nuestra familia verá que lo que vivimos no es una religión, no solo se trata de ir un domingo a la iglesia, se trata de que conocí a Jesús, le di mi vida y ahora soy una nueva criatura, por lo que ellos también desearan entregarle su vida a Jesús ya que han entendido que no sólo se trata de un “cambio de religión” si no de una decisión de transformación que nos beneficiará a todos.
Ora por tu familia, declara con fe que tú y tu casa servirán al Señor (Josué 24:15), que tu futuro matrimonio será luz para ellos, un ejemplo y que a través de ustedes ambas familias serán transformadas. Por medio de ti Dios ha iniciado un cambio poderoso en tu familia… Y mientras ese momento llega, pide al Señor sabiduría y fortaleza de carácter para que con todo el respeto que debes a tus padres, puedan resolver las diferencias en armonía entre ustedes y sobre todo buscando agradar a Dios por sobre todas las cosas.
Visto | Mujer, eres excepcional
¿Qué debo hacer para que mi esposo se conduzca en el temor de Dios?
Si quieres cambios en tu vida esos cambios deben empezar por tu persona, actitudes y pensamientos
Pregunta
Mi esposo no se conduce en el temor de Dios como debe ser y no escucha mis consejos basados en la Palabra de Dios. Esto ha acarreado muchas consecuencias que tenemos que afrontar todos en el hogar
Respuesta
Recuerda que el trato de Dios con cada quien es personal. Desde el momento que su relación con Dios es débil, las consecuencias de su comportamiento y decisiones les han ocasionado mucho daño a ustedes como familia.
Aunque hace mucho tiempo tu esposo le haya abierto su corazón a Jesús, probablemente no haya tenido un verdadero encuentro con El y toda la palabra sembrada en él ha sido robada y no ha dado fruto. Por otro lado no veo conveniente que le estés citando la Biblia para reforzarle su mal comportamiento ni para señalarle sus peores defectos, recuerda lo que dijo Jesús acerca de la paja en el ojo ajeno y esto lo único que puede provocar es más rechazo a la Palabra de Dios.
Lo que debes hacer es actuar de acuerdo a lo que la Palabra de Dios dice al respecto:
1. Quita toda ansiedad sobre ti, y deja que sea Espíritu Santo quien lo redarguya de todo pecado, libérate de esa presión. En 1 de Pedro 5:7 dice: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Es comprensible que quieras ver las cosas ya arregladas, pero El Señor se toma su tiempo y en ese tiempo (que puede ser largo o corto) El también trata con las personas que están alrededor de tu esposo y entre ellas estas tú. Recuerda lo que dice Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.”
2. Conviértete en una mujer de oración, actuando y pidiendo con sabiduría de acuerdo a Su voluntad. Muchas situaciones pueden cambiar si usas la oración como tu arma más fuerte. Busca Su presencia a solas con El, adóralo, aprende a escuchar Su voz y aliméntate a diario con La Palabra, pues de allí vendrá tu fortaleza.
3. Perdona a tu esposo de corazón y pídele al Señor que te de un amor renovado, donde la paciencia y la esperanza (fe) sean tus mejores aliados, mientras esperas a ver lo que Dios hará con tu esposo. Para esto hay dos citas en la Biblia que te pueden ayudar mucho, a primera es: Colosenses 3:12-13 “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Y la segunda: 1 Pedro 4:8 “Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.”
4. Se una mujer sujeta: Hay un orden Divino dado en la línea de autoridad dentro del hogar y obedecer a Dios siempre traerá bendición, dale su lugar en el hogar a tu esposo, exprésale admiración y respeto sabiendo que sin palabras, a través de tu conducta tu esposo será ganado para Cristo como lo podemos ver en 1 de Pedro 3:1-2: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa”.
Para concluir recuerda siempre que todo lo que hagas, hazlo como para el Señor y de esa manera tu corazón será guardado, ya que en todo momento tu sabrás que es al Señor a quien más estás agradando al obedecer Su Palabra.
Colosenses 3:23 “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;”
Si quieres cambios en tu vida esos cambios deben empezar por tu persona, actitudes y pensamientos.
Que Dios te bendiga y te de fuerzas, paciencia y ánimo para esperar Sus promesas.
Factores que conducen a la armonía matrimonial
Autor: Paul Hoff
Surgen problemas en el hogar cuando los consortes no se dan cuenta de que cada uno es sicológicamente distinto al otro, pues en tal caso no se comprenden bien el uno al otro.
Comprensión de las diferencias que hay entre los dos sexos:
Surgen problemas en el hogar cuando los consortes no se dan cuenta de que cada uno es sicológicamente distinto al otro, pues en tal caso no se comprenden bien el uno al otro.
Las diferencias físicas son bien conocidas; como por ejemplo el hecho de que las chicas maduran más pronto que los muchachos de la misma edad, y la vida de la mujer se prolonga más que la de el hombre. Es obvia la diferencia entre sus respectivas anatomías.
Sin embargo, diferencias sicológicas entre los dos sexos son algo más grande y menos conocido. Consideremos algunas generalizaciones que se pueden aplicar a la mayoría de la gente.
a). Los hombres tienden a pensar lógicamente, casi fríamente, con el intelecto; la mujer tiende a pensar con su corazón, es decir, está influida por sus emociones.
Las decisiones de ésta dependen mucho de cómo se sienta acerca del asunto; el hombre tiende más a pensar en los argumentos racionales. Tal vez sea consecuencia de que la intuición femenina está más desarrollada que la del varón.
b) El hombre se ocupa más de sus actividades fuera del hogar y en el mundo externo, que de sus sentimientos. La mujer se concentra más en sus propios sentimientos y es menos objetiva en su punto de vista.
c) Los hombres tienden a tomar en cuenta principios y a generalizar sus conocimientos; las mujeres consideran más los detalles o particularidades.
Por ejemplos, un hombre estudiará las líneas generales de la política de un candidato para la presidencia; su señora indagará acerca de su actitud referente al educacional o referente a su familia. El hombre ve el panorama y la mujer los pormenores.
d) Los hombres tienden a hablar acerca de cosas prácticas: su empleo, sus planes para el futuro y los asuntos financieros. No les gusta hablar mucho, por regla general, con respecto a otras personas y relaciones humanas.
En contraste, la mujer prefiere hablar tocante a sus sentimientos, sus íntimas relaciones con otros, sus problemas y los asuntos de los miembros de su familia. Capta con más facilidad la actitud de otros y tiende a chismear más que su marido.
e) Los hombres hasta cierto punto, desean intimidad emocional, pero a la vez la temen y hasta la evitan. El sexo bello necesita recibir frecuentemente expresiones de cariño y amor. Para el barón es difícil hablar acerca de sus sentimientos; es menos capaz que la mujer de entender y de expresar una emoción, de modo que tiende a retirarse de los encuentros emocionales.
La mujer anhela intimidad emocional y se siente insegura frente a la incapacidad de su marido para comunicar verbalmente la profundidad de sus sentimientos.
Quiere escuchar a cada momento las palabras: “Te quiero, mi amor”, y ser abrazada y besada; el hombre, por regla general, se siente incómodo hablando de su amor y actuando románticamente.
Muchos hombres piensan que basta con suplir las necesidades materiales de su esposa, y ser fieles en su relación matrimonial. No saben darse a sí mismo a su esposa.
f) El varón necesita tener éxito; la mujer necesita seguridad. El hombre tiende a identificarse con su trabajo, el cual llega a ser la expresión de su personalidad, y se evalúa a sí mismo por ello. Por ejemplo, el constructor está absorto en sus proyectos.
Si tiene éxito, siente su valor personal, pero si las cosas de su trabajo andan mal, tiende a sentirse desalentado, hasta considerarse de poco valor en ciertos casos. El hogar de la mujer muchas veces llega a ser la extensión de su personalidad, y ella se evalúa a sí misma por la medida de aprecio que le demuestran los miembros de su familia.
También recibe gran satisfacción sirviendo a su marido y a sus hijos. Encuentra su éxito en el bien y el éxito de ellos. Para el hombre el hogar es solamente una parte de su vida; para la esposa es toda su vida.