El cual hizo los cielos y la tierra,
El mar, y todo lo que en ellos hay;
Que guarda verdad para siempre,
Salmos 146:6
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¡Sigue empujando!
Por Marcos Witt
“Pero una mujer que desde hacia doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenia, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto” - Marcos 5:25-27.
La única solución a todas nuestras necesidades se encuentra en Jesús. En esta oportunidad no le voy a hablar de medicina, ni de filosofía, ni de psicología, le voy a hablar de Jesús. El es el Rey de Reyes, el Único que puede sanarlo, el Único que puede hacer milagros, el Hijo de Dios, el Victorioso de todas las naciones, el que está sentado a la diestra de Dios Padre el día de hoy intercediendo por usted. Qué bueno que usted, al igual que esta mujer, oyó hablar de Jesús alguna vez en su vida.
Dice la Biblia que esta mujer “oyó hablar de Jesús”. Quién sabe quien se lo había platicado, pero la fama de Jesús estaba corriendo por todos lados. Es importante que usted también esté platicando lo que Dios ha hecho en su vida. ¿Qué ha hecho Dios por usted? Piense por un momento en todo lo que Dios ha hecho por usted, nunca le ha faltado nada, El ha suplido todas sus necesidades. Hable de todas estas cosas, de lo bueno que es Dios, póngalo en sus labios. Jesús es la respuesta que este mundo está necesitando.
Esta mujer había oído hablar de Jesús y “vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente el borde de su manto seré salva” (Marcos 5:28). Ella no pedía gran cosa, ella no necesitaba gran cosa, no requería de más nada que tocar el borde de su manto. “Y enseguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel azote. Luego Jesús, conociendo en si mismo el poder que había salido de El, volviéndose a la multitud, preguntó: ¿quién ha tocado mis vestidos? Sus discípulos le dijeron: ves que la multitud te aprieta, y todavía preguntas: ¿quién me ha tocado? Pero El miraba alrededor para ver quien había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de El, y le dijo toda la verdad. Y el le dijo: Hija, TU FE te ha hecho salva” (Marcos 5:29-34a). Es SU FE lo que mueve la mano de Dios, es SU FE la que Dios honra cuando usted se acerca a El creyendo que El lo puede sanar. “Tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34).
Esta mujer había llegado a su punto de desesperación; llevaba 12 años enferma, todos sus recursos se habían agotado, su dinero se había terminado, cada vez le iba peor. Sin embargo, alguien le platicó de Jesús y ella determinó: ‘tengo que hacer algo, voy a empujar’. El Señor quiere que usted siga empujando. A esta mujer alguien le platicó que Jesús podía ser la respuesta a su necesidad y ella supo, investigó y se acercó. Dios hará lo que usted no puede hacer, pero usted tiene que hacer lo que El no puede hacer. Esta mujer se movilizó al lugar y de la misma manera usted necesita movilizarse y tomar pasos de fe, tomar acción, creer que Dios lo va a sanar.
Esta mujer se levantó con todo y enfermedad y no permitió que la multitud fuera para ella un obstáculo. De alguna manera ella empujó y empujó hasta que llegó. Yo me puedo imaginar que hubo gente que la vio y se molestó. Quizás muchos dijeron, “¿y esta señora quién se cree? ¿Qué le pasa a esta mujer? ¡Si nosotros llegamos primero! ¡Que haga fila!” Pero ella no se preocupó por los que se molestaron ni por los que la criticaron. Ella tenía una necesidad. Cuando usted tiene una necesidad, no debe importarle quien se moleste con usted, ni quien lo critique. Tenemos que pedirle a Dios que nos dé una santa desesperación de tal manera que busquemos el rostro del Señor y que hagamos lo que tengamos que hacer hasta obtener la respuesta que necesitamos.
Hay gente que no mas empieza a ver que usted está empezando a salir adelante, tratan de bajarlo. Usted muchas veces se ha tenido que enfrentar con un gigante que está entre la multitud tratando de detenerlo; el gigante se llama ‘temor’ quien le dice: “usted va a morir, sus días se van a acabar, no hay remedio para usted”. Pero la Biblia dice que el diablo es como león rugiente y un león rugiente ya ni siquiera tiene dientes y no es ni siquiera el que ataca la presa; son las leonas las que están esperando la presa del otro lado para atacarla. Así que si usted escucha que le están diciendo que se va a morir, corra hacia ese ruido y mire a ese temor en la cara y dígale, “temor, la Biblia dice, en el nombre de Jesús, que yo ‘viviré, no moriré’. La Biblia dice que Cristo murió por mi y que tengo vida en Cristo Jesús”. Mire el temor en la cara y dígale, ‘temor, si no te quitas, te voy a quitar y te voy a dejar en mi polvo”.
No se deje detener por el temor, ni por la angustia. ¡Siga empujando! Siga creyendo que el Señor lo va a sanar, que su matrimonio va a ser restaurado, que TODOS sus hijos van a servir al Señor, que su marido va a vencer ese problema del alcoholismo, siga creyendo, siga empujando. Que no lo detenga a usted ese espíritu de desesperación, de frustración, de mentira, ni de cansancio. La palabra de Dios dice, “los que ESPERAN en el Señor tendrán nuevas fuerzas”. ¡Espere usted en el Señor y Dios le va a dar a usted nuevas fuerzas! ¡No se canse! Dice la palabra que “los que esperan en el Señor volarán como águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”. Aprenda usted a esperar en Dios y El le dará la fuerza que usted necesita para poder ver su milagro. ¡Siga empujando!
No fue el toque de Jesús lo que le dio el milagro a esa mujer, fue el toque de esa mujer, lo que le dio su milagro. Dios quiere darle a usted una clase de fe a tal punto de que no requiera que nadie ore con usted, que nadie le ponga las manos, que nadie lo unja con aceite – aunque todo eso es buenísimo, lo hacemos todos los domingos y todos los días. Esa mujer no necesitó que Jesús ni siquiera le dirigiera la mirada, mucho menos la palabra y fue sana.
El borde del manto de Jesús se pasea por su lugar. ¡Toque su manto! ¡Empiece a recibir su respuesta! …¡Todo es posible si puede creer!
Honra a tu padre y a tu madre
Por Marcos Witt
Los últimos seis mandamientos son los parámetros de éxito en nuestras relaciones unos con otros. Interesantemente, Dios empieza con una de las relaciones más importantes que podemos tener en nuestra vida: la relación con nuestros papás. El dice en el quinto mandamiento: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que el Señor tu Dios te da”.
Dar honra es simplemente darle el respeto, el lugar y la dignidad que merecen. Y como hijos nos toca honrar a nuestros papás. Algunos quizás no conocen quienes son sus papás o quizás sus papás hace tiempo ya partieron para estar con el Señor pero de la misma manera, todos tenemos el privilegio y la responsabilidad de honrarlos. Posiblemente hay en su vida alguien que funciona como papá para usted. ¡Hónrelo!
Este mandamiento NO dice: honra a tus papas si son buenos; si son malos, dales como quieras. No, dice “honra a tu padre y a tu madre”, punto. Y hay algunos de nosotros – no todos – que hemos tenido la experiencia de tener papás y mamás que no son del todo honorables, pero Dios a usted y a mi nos ha encargado el principio de honra. Es un parámetro de éxito. ¡Así es como vive un campeón!
La honra es por toda la vida. No hay un momento donde uno pueda decir, “bueno, ya mis papas son setentones, ya no los tengo que honrar tanto”. ¡Claro que no! Los tiene que honrar hasta el día que los despida para estar con el Señor. Usted puede decir, “bueno, es que yo ya tengo cuarenta y tres” pero eso no lo hace excepto de honrar a sus papás.
El apóstol Pablo interesantemente amplía la promesa y dice en Efesios capitulo 6 versos 2 y 3, “honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y seas de larga vida”.
Ahora, para que sus hijos lo honren, usted debe ser honorable, usted debe darse a respetar. Por eso quiero que se pregunte, “¿cómo estoy tratando a mis hijos? ¿Cómo estoy sembrando en mis hijos? Porque lo que usted siembra, es lo que usted va a cosechar. Si usted está golpeando y maltratando a sus hijos y diciéndoles palabras ásperas, fuertes y feas, eso es lo que usted va a cosechar. Y el Señor quiere que usted sea honorable con sus hijos pero, ¿qué quiere decir eso de ser honorable con sus hijos?
Le doy unos consejos: escúchelos, póngales atención, sueñe con ellos, piense con ellos, crea con ellos, crea que Dios va a hacer grandes cosas con ellos. Anímelos, trátelos con dignidad, con respeto, con honra. Si usted siempre está dando gritos en su casa, lo único que puede esperar es que en su casa siempre haya gritos. Y si a usted le molesta que su hijo esta gritando, solo recuerde que usted fue un gran maestro para su hijo.
El apóstol Pablo dio unos consejos muy buenos. En Efesios 6 verso 4 dice, “Y vosotros padres, no provoquéis a ira a tus hijos sino críalos en la disciplina y la amonestación del Señor”. No hay nada de bueno que salga con provocar a sus hijos al enojo.
Hay muchos hijos que se someten a sus papas nada más porque les tienen miedo. Le tienen miedo a la faja, le tienen miedo a los golpes. ¡Qué triste es ver que hay veces cuando papás de repente levantan una mano y el niño se agacha tratando de protegerse! ¡Qué triste es eso!¡Le imploro en el amor de Cristo que cambiemos eso en nuestra cultura hispana! Las manos que Dios nos dio fueron para acariciar, para bendecir, para suavemente tomar en nuestras manos y besar a nuestros hijos.
Ahora, hijos, préstenme mucha atención. Solo por el hecho de que su papá es medio tremendo y medio acelerado, no lo excusa a usted a faltarle el respeto. Quiero decirte hijito que si en esta tierra nadie se da cuenta de que estas respetando a pesar de la manera en que te están tratando, te aseguro que en el cielo se esta escribiendo muy bien tu historia y no hay fin de las bendiciones que vas a recibir simplemente por haber obedecido la ley y decir, “voy a honrar a mis papas a pesar de lo que pase”.
En la vida pasamos por ciertas etapas. Una de ellas es desde los doce años para abajo. Esa es una etapa de enseñar, de disciplinar, de mostrar a nuestros hijos los parámetros y como hijos, nosotros honramos a nuestros papás obedeciéndoles, atendiendo sus sugerencias, aprendiendo de ellos, siendo cariñosos con los papás.
Luego van creciendo, y llegan a la etapa de los 13 a los 18 años. En esa otra etapa usted honra a sus padres siéndoles agradecidos y poniendo atención a sus indicaciones. Siga sus lineamientos y escuche sus recomendaciones. Ahora, papás, no fastidien a sus hijos. “Yo te dije que… y por que? Y son las 10! Y…” Usted necesita no provocar a sus hijos a ira sino ser respetables también con ellos, porque es una etapa para ellos muy difícil.
Luego ya de repente entramos en la etapa de adultos. De 18 a 60 años. Y la forma en la que podemos respetar a nuestros papás en esa etapa es independizándonos y mostrándoles que ellos hicieron un buen trabajo, que nos prepararon bien para la vida y podemos salir adelante. También inclúyalos en sus planes. Muchas veces nos olvidamos de los papás porque están lejos o porque viven allá solitos o porque están ya muy viejitos. Usted también los honra buscando su consejo porque quiéralo usted o no, aunque haya sido un tremendo, aunque haya sido lo que haya sido, el simple hecho de vivir tantos años, le da a el una ventaja sobre usted y el puede tener buen consejo que le puede ayudar.
Luego entramos en una última la cual llamo la etapa de adultos mayores, de 60 para arriba. Esa es una etapa muy linda porque usted puede honrar a sus papás dignificando su vejez. ¡Tantos viejitos mueren solitos, sin familiares, abandonados y olvidados. ¿Por qué? Porque alguien estuvo demasiado ocupado para dignificarles su edad de oro. Que para sus papás esa edad sea verdaderamente una edad de oro porque usted se la dignificó, usted se encargó de ellos, usted estuvo ahí luchando por ellos y viendo por ellos. Que se sientan bien recibidos. La forma en que usted trate a sus abuelos y a sus viejitos, es la forma en la que lo van a tratar también a usted cuando tenga esa edad. Así que dignifique a sus papás, que lleguen a esa edad de oro con dignidad, con altura, con clase. ¿Por qué? Porque así vive un campeón y usted es un campeón y usted va a ser uno diferente a todos los demás.
Su muerte no fue un accidente
Por Marcos Witt
Uno de los milagros más grandes que Jesús hizo en toda su vida se llama la salvación la cual, hasta el día de hoy, ha sido una de las más grandes y maravillosas historias que la humanidad haya conocido. Dios, estando en el cielo y mirando nuestra condición pecaminosa, sabiendo que necesitábamos una redención, envió a su único Hijo para poder hablarnos, vivir entre nosotros, mostrar su naturaleza divina y comprobarnos que, como hombres, podemos vivir libres de pecado, con la fuerza del Espíritu Santo y que podemos caminar, hablar, pensar, tratar a la demás gente, abrazar, amar, consolar, acariciar y llegar a ser como Jesús.
La muerte de Jesús no fue un accidente, ni algo que sucedió por algún sistema equivocado judicial o legal, la muerte de Jesús fue algo que en la eternidad de Dios, fue planeado. Dios lo pensó y puso todo en orden porque tenía un plan: la salvación del ser humano, el poder vivir eternamente al lado de Dios nuestro Señor.
No hay algo más contundente y comprobado que lo que Jesús habló y lo que selló el hecho de que El fue y es realmente el Hijo de Dios, es precisamente que hoy en día existe una tumba que esta vacía. Usted puede visitar las tumbas de muchos otros hombres que dijeron y declararon cualquier cantidad de cosas autoproclamándose los “mesías” pero sólo uno de ellos tiene una tumba vacía y esa es la tumba de nuestro Señor Jesucristo; ¡está vacía para siempre!
Quizás usted se pregunte, ¿qué significa redención? Es que el plan perfecto de Dios, la razón por la que El envió a Jesucristo. Redimir algo simplemente significa pagar un precio para volverlo a comprar. Usted y yo hemos sido comprados por el mismo que nos creo. El nos ha comprado con su sangre preciosa.
Dice Romanos 3:23 que por cuanto todos hemos pecado, estamos destituidos, separados, sin acceso a la gloria de Dios. Y cualquiera que dice que nunca ha pecado, en el momento de decirlo, ya comete un pecado porque dice una mentira. Romanos 6:23 dice que la paga del pecado es la muerte. Usted y yo como pecadores merecemos la muerte y solamente si alguien estuviera dispuesto a pagar el precio de muerte, es que podríamos ser libres de la condena eterna que trae la muerte. Pero ¿quién iba a pagar nuestra condena? Hubo alguien que miró nuestra condición, que no teníamos la forma de pagar un precio de sangre, y se ofreció, fue delante de su Padre y dijo, “Yo me ofrezco, yo seré ese sacrificio perfecto. No quiero que ellos mueran, yo voy a morir en su lugar para que el precio de su pecado quede de una vez y para siempre pagado”.
¿Por qué lo habrá hecho? ¿Por qué fue Jesús movido a pagar nuestra condena? La única razón es por lo tanto que nos amó. La Biblia dice, “de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que cualquier persona que crea en El” – no en los libros, ni en los filósofos o en las filosofías, estratagemas y pensamientos de hombre – “no se pierda mas tenga vida eterna”. Lo único que le va a garantizar a usted la salvación eterna de su alma es creer en Jesucristo, nuestro Señor. El es el camino, El es la vida, El es la verdad, nadie puede acercarse al Padre sino es por El. Solamente creyendo en El tendremos vida eterna.
Romanos 5 dice, “mas Dios mostró su amor para con nosotros en que siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros”. En Juan capitulo 15 Jesucristo mismo dijo, “el amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos”. El hecho de que Jesús dio su vida por nosotros quiere decir que El se considera amigo nuestro. El fue a la cruz pensando en todos nosotros. Jesús no murió por accidente, su propósito, su destino, su misión, su sueño fue que al morir, usted y yo tuviéramos vida porque soñó con nuestra victoria.
Cuando Jesús declaró “consumado es”, los cielos se estremecieron, se hizo noche, la tierra se sacudió y cuando El colgó su cabeza, cuando rindió su cuerpo a la muerte fue cuando empezaron una parranda en el infierno. “Finalmente” - pensó Satanás – “ya lo tengo donde lo quiero, lo voy a poder sepultar”. Y Satanás se dijo por dentro, “yo tengo las llaves de la muerte, las llaves a la tumba, yo puedo hacer con Jesús lo que quiera”. Pero de repente, muy temprano en la mañana, por primera vez hubo luz en el infierno. De un momento a otro el diablo sintió una presencia que El desconocía, se sintió medio aturdido, medio atarantado; se despertó y dijo, “y esa luz, ¿de dónde viene? ¡Quítenme esa luz!” Cuando El volteó para ver por el pasillo del infierno, caminaba el mismo Hijo de Dios rumbo al trono satánico, directo hacia Satanás y le dijo “quiero las llaves, dame las llaves, diablo mentiroso. Tomaste una vida libre de pecado, con sangre real, pura, sin error. Diablo, perdiste, me quisiste dar muerte pero ahora estoy aquí, vivo, delante de ti para decirte: dame las llaves a la muerte, al infierno, al pecado y al temor”. ¡Jesucristo tomó la autoridad, Jesucristo tomó las llaves! ¡El vive hoy, victorioso sobre la muerte, sobre el infierno y sobre la tumba! Victorioso es nuestro Señor. ¡Hoy en día hay una tumba vacía!
La mañana en que Cristo resucitó, unas mujeres que fueron a su tumba, ellas pensaban que lo iban a volver a ungir, lo cual era un rito normal que hacían con los recién enterrados. De repente se encontraron con que alguien movió la piedra, que no había nadie en el sepulcro y empezaron a lamentarse, a llorar, a preocuparse y a decir, “¡alguien se robó a nuestro Maestro, alguien se lo llevó, lo movieron de este lugar!” ¿Dónde estaban los guardias? Habían sellado la tumba al estilo romano para que nadie, sin la firma autorizada, pudiera quitar esa piedra. “¿Qué hicieron con Jesús?” De repente sintieron a alguien detrás de ellas que vino y les preguntó, “¿qué vienen a hacer ustedes señoras?” “Venimos a ungir a nuestro Maestro” - respondieron. Y la pregunta fue, “¿POR QUE buscan entre los muertos al que vivo está? El que ustedes han venido a ungir, no esta en la tumba, ¡HA RESUCITADO!”
Alabe al Cristo resucitado. ¡Hay una tumba vacía! Hay un Mesías resucitado, una victoria completada, una vida eterna comprada para cada uno de nosotros. Pero también hay un diablo derrotado que esta debajo de nuestros pies. Pisotéelo cada oportunidad que usted pueda. Cuando usted brinque y alabe a Dios, sepa que esta usted brincando arriba de la cabeza del diablo. Brinque más fuerte, brinque mas alto porque él ha quedado debajo de nuestros pies. Los demonios están confundidos y la muerte ha sido tragada en victoria.
Preguntó el apóstol Pablo, “¿dónde esta, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde esta, oh sepulcro, tu aguijón?” La respuesta está en que Cristo está sentado sobre el trono de autoridad eterna. No hay diablo que a usted lo pueda vencer si usted tiene al victorioso viviendo dentro de usted. No hay demonio que lo pueda detener a usted. Si usted tiene a Cristo en su corazón, no hay muerte que lo pueda a usted sorprender.
Romanos 8 dice, “el mismo Espíritu” - no otro espíritu - “que resucitó a Cristo de los muertos”. El mismo Espíritu que movió esa piedra, que sorprendió a esa guardia romana y que sopló vida a ese cuerpo muerto de Jesucristo, ese mismo Espíritu ahora vive en cada uno de nosotros; EL MISMO ESPIRITU. Y ese mismo Espíritu que le dio vida a Jesús – declara el apóstol Pablo – nos va a dar vida a cada uno de nosotros, los que creemos.