Por Lucas Leys
Estaba leyendo Mateo 16.18 en la versión antigua, donde dice de la Iglesia que “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” y mientras leía me imaginaba a Satanás golpeando con unas enormes puertas a una pobre iglesita blanca de película que usaba toda su fuerza para tratar de mantenerse erguida. Recuerdo estar orando, cuando una nueva imagen se dibujó en mi mente. Era Jesús, que tomaba a la iglesia en sus manos y golpeaba con violencia las puertas del infierno para liberar a los millones que estaban detrás de ellas.
La iglesia estuvo demasiado tiempo preocupada solamente en subsistir y eso todavía nos afecta. Por muchas décadas la consigna era defenderse de un mundo que la tenía rodeada por todos lados y para eso había que cerrar la puertas del castillo y ocuparse de los que estaban adentro. Parecerse en cualquier aspecto a los que estaban afuera se consideraba un acto de insubordinación o carnalidad. Ser santo era tener un vocabulario y una vestimenta distinta; eran pocos los que pensaban en la santidad como estar separados con el propósito de extender el reino de Dios, transformando la sociedad y tomando una presencia activa en la cultura. Hace apenas unas décadas, ¿quién pensaba en estrategias, guerra espiritual, adoración contemporánea o en tomar ciudades? El interés principal era protegerse y mantener al “pequeño pueblo muy feliz.”
El sueño de quienes trabajamos en Especialidades Juveniles es que se levante una generación de líderes cristianos decididos a mostrar compasión por los que se pierden y entiendan que esa es la consecuencia de una vida de adoración. El nuevo milenio nos regala la oportunidad de tener una iglesia interesada en construir el reino en la tierra. Sólo cuando tenemos este propósito en mente podemos vivir la vida cristiana con emoción y entusiasmo. Vivir solamente para mantenernos “puros e inmaculados” o solamente abstraídos en momentos de éxtasis colectivos y cuidar lo que ya tenemos es egoísta y aburrido.
¿Mantener o construir?
En varias ocasiones que doy talleres para líderes de jóvenes hablo acerca de las diferencias entre mantener un grupo de jóvenes y construir un ministerio juvenil. Cuando hablo de este tema uso el siguiente cuadro:
Manteniendo un grupo de jóvenes
1) Motivados por actividades
2) Visión poco clara
3) Foco introvertido- contentos con una elite
4) Crecimiento cíclico
5) Ocupados en defenderse del mundo
6) Todo ronda un área ministerial
7) Mantener las tradiciones
Canto congregacional
Construyendo un ministerio juvenil
1) Motivados por propósitos
2) Clara Visión
3) Foco extrovertido – Compasivos con los perdidos
4) Crecimiento consistente
5) Enfocados en equiparse para el reino de Dios
6) Programa Integral
7) Ser efectivos
Vidas de adoración
Este cuadro también se aplica a la Iglesia en general y a tu vida personal. La primera diferencia que muestra el cuadro es que los que “mantienen” sólo se motivan por ciertas actividades. Un congreso o un campamento nos levantan el ánimo y crece el grupo; pasa un tiempo sin una actividad importante y nos vamos al suelo. ¿Por qué? Porque la motivación viene más de afuera que de adentro. Necesitamos actividades dinámicas que nos estimulen pero, más que eso, necesitamos una conexión real con el Señor que nos motive desde lo secreto e interior a alcanzar su propósito para nuestra vida. Cuando hacemos una actividad y estamos convencidos de que sirve para superarnos espiritualmente, no importa tanto que la actividad termine porque el propósito sigue. Si el propósito no está impregnado en lo que hacemos, todo termina cuando termina la actividad programada.
Otra diferencia es que los que tienden a mantener se enfocan en algún grupo selecto de personas populares y buscan conformarlas a ellas; los líderes que quieren construir ponen su foco en los necesitados. Los que simplemente mantienen no planean estratégicamente cómo crecer. Les gustaría crecer pero no hacen planes correctamente, y entonces crecen sólo porque crecen en edad los chicos de la iglesia.
Yo crecí en una iglesia donde el único índice de crecimiento era el de natalidad. Si nacían muchos hijos en una generación, la iglesia tenía buen pronóstico. Si nacían pocos, el futuro de la iglesia estaba en peligro.
Otra diferencia es que los que tienden a mantener se ocupan más de defenderse y señalar los pecados del mundo que de prepararse para extender el reino de Dios en el mundo. Muchas veces llegamos a olvidarnos de lo maravillosa que es la alternativa de Dios. Pensamos en la salvación como un pasaporte al futuro y cantamos: “Qué lindo cuando estemos en el cielo y estemos así, juntos, cantando eternamente.”
Yo escuchaba eso cuando era adolescente y me quería ahorcar. ¿Acaso la única alternativa a los placeres de este mundo es soñar con cantar en el más allá? Gracias a Dios, no. Hacer una diferencia en este mundo es la mejor satisfacción que podemos tener en la vida, de eso también se trata la adoración y Dios quiere equiparnos para eso. Los líderes que facilitan la tarea de extender el reino de Dios son los más amados, respetados y admirados por los que tienen cerca.
Otra diferencia entre los que mantienen y los que construyen es que los primeros tienden a hacer girar todo en torno a algo que les gusta y les es más fácil, en tanto que los segundos prestan atención a distintas áreas que son necesarias para un crecimiento consistente. En algunas iglesias el programa de jóvenes gira exclusivamente alrededor de un grupo de alabanza; en otros, del deporte, del estudio bíblico o de la recreación. Por ser ese su único punto de atracción, los primeros van a tener mucho éxito con aquellos jóvenes que les gusta cantar o sueñan con tocar algún instrumento; y así con cada interés en particular. El problema es que hay muchos otros jóvenes y adolescentes a los que cada iglesia debería alcanzar, pero no se sienten atraídos por esos intereses exclusivos. Recuerda que como leíste antes en este libro el canto es una posible expresión de la adoración pero la que es en espíritu y en verdad va mucho más allá.
Otra de las características de los líderes que se ocupan de mantener es como se apegan a las tradiciones. Los que construyen son los que constantemente están evaluando si lo que hacen está ayudando a alcanzar el objetivo que persiguen. Estas personas se preguntan: Hace décadas que votamos por un líder de jóvenes por año, ¿sirve o no sirve? Las reuniones de domingo por la noche son para evangelizar pero rara vez se convierte alguien, ¿hay algo mejor que podamos hacer? Todos los ministros de jóvenes se visten de traje, ¿qué comunicamos a los jóvenes con esto? Los que predican en mi iglesia son siempre hombres, ¿seríamos más efectivos si también les diéramos lugar a mujeres?
Por ultimo, específicamente respecto a cuando tratamos el tema de la adoración, los grupos orientados a mantener tienen líderes que creen que la adoración solo pasa por el canto congregacional en vez de enseñar o vivir una vida de adoración. Por eso crean una mentalidad de dos planetas: el del culto y el real. Así los chicos solo dependen de que el culto “esté bueno” para disfrutar de la adoración o no, aunque pronto se aburren porque es solo un asunto que rara vez tiene consecuencias prácticas.
De renovación a revolución
Muchos jóvenes se sienten frustrados porque piensan que sus líderes no les dan espacio para servir al Señor. Algunos se frustran porque saben que lo suyo no es predicar ni dirigir la alabanza, pero parecería que la iglesia no les ofrece otra cosa para hacer. Desde Pentecostés la historia no había registrado un movimiento de alabanza y adoración comparable al de nuestros días. Miles de personas en todos los continentes están orando por avivamiento. Iglesias enteras ayunan para que veamos un tiempo de cosecha como nunca antes se vio y esto es sensacional. Pero si entendemos que es la adoración toda esa renovación tiene que traducirse en una revolución de valores, de ética y de justicia social. En esto tu generación juega un papel principal y tú tienes un papel protagónico. Entablar con dialogo con el Dios creador del universo el cual quiere redimir su creación y en especial a la humanidad significa que Él comienza cambiando a quienes entran en esta relación. Entonces sí, la renovación de la iglesia traerá la revolución que el mundo necesita. La clave para esta revolución está en sacar nuestra vida de adoración de los templos y demostrar que el reino de Dios no consiste en palabras sino en poder para modificar nuestra sociedad.
Lucas Leys
Podemos aceptar sus tiempos y acompañar el proceso, o podemos retrasarlo quejándonos y escapándonos.
Un hombre encontró un extraño huevo y le llamó tanto la atención que lo llevó a su casa para mostrárselo a su esposa. Al día siguiente el huevo hizo un leve movimiento y notaron que se estaba produciendo una pequeña perforación. Se quedaron mirando al huevo por un buen rato y observaron que el pájaro estaba esforzándose para romper el huevo.
No parecía progresar mucho, de modo que el hombre rompió un poquito de la cáscara alrededor de la grieta. Nada. Pensaron que el pájaro estaba desesperado y nunca podría salir de allí. La cáscara parecía demasiado dura para que un pichón la rompiera, así que tomaron una tijera y comenzaron a abrir el huevo.
El ave por fin salió, pero tenía el cuerpo muy contraído y las alas pegadas al cuerpo. El matrimonio observó expectante, pero nada pasó. El pichón quedó atascado en esa posición, sin poder volar.
En su impaciencia, no habían pensado que el ave necesitaba luchar adentro del huevo e intentar salir por el pequeño hoyo que había hecho porque esa era la manera que Dios había diseñado para forzar los fluidos que debían llegar a las alas para que el pájaro pudiera volar una vez salido del huevo.
La escuela de la paciencia
Por imperceptible que te parezca, Dios está haciendo un trabajo en tu vida y en la de la iglesia. Recuerda: él te está perfeccionando. Dios es un artista; el apóstol Pedro decía: “Después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. 1 Pedro 5.10
Podemos aceptar sus tiempos y acompañar el proceso, o podemos retrasarlo quejándonos y escapándonos. Aceleramos el proceso cuando entendemos qué es lo que Dios está tratando de hacer.
Durante ese tiempo Dios moldea tu corazón conforme a su carácter y sus propósitos. Pasaron muchos años entre que David fue ungido y finalmente llegó a ser rey. Incluso pasó mucho tiempo entre la batalla con Goliat y la consolidación del reino. Primero vinieron pruebas, exámenes, frustraciones y la tentación de posibles atajos.
Es más fácil cambiar siendo joven; una vez que has diagramado tu vida alrededor de ciertos hábitos es más difícil cambiar. Por eso es urgente que te inscribas en el tratamiento de Dios ahora, ya. Dejarlo para más tarde es perder el tiempo y frenar la meta de Dios de moldearte conforme a su corazón. El Dios de toda gracia quiere hacerte fuerte, firme y estable.
Así se hicieron los grandes
Es bueno que sepas que Dios siempre usó el mismo método con sus hijos queridos. Míralo a Abraham: pasaron años desde la promesa de Dios de hacer de él una gran nación hasta que por fin puedo tener a Isaac. ¡Y después Dios se lo pide! No obstante, hasta eso formaba parte de la preparación de Abraham.
Mira a Moisés, el príncipe de Egipto; siente compasión por su pueblo y quiere brindar una solución instantánea. Mata a un egipcio y tiene que escapar. Se queda en el desierto ¡cuarenta años! Dios le dice que va a ser el libertador de los hebreos, Moisés se niega, no quiere saber nada. Después de muchas pruebas y experiencia, finalmente cruza el Mar Rojo con el pueblo.
Mira a Josué ¡Cuántos años pasó al lado de Moisés! Este hombre tenía la fuerza, tenía la valentía… pero tuvo que esperar.
Podríamos seguir, pero mencionemos sólo a Pablo para terminar. Uno pensaría que después de su conversión instantáneamente empezó a ser el gran apóstol. Pero no; Gálatas 2 nos relata que pasó catorce años antes de poder estar cerca de los otros apóstoles, ¡catorce años!
Muchos tiran sueños y proyectos por la borda porque al mes del gran congreso algo no salió como esperaban, y ya decidieron dedicarse a otra cosa. Pero Dios tiene sus planes, y es importante aceptarlos.
Humillarnos delante de Dios
Hay muchas otras características incluidas en estas que compartimos. Visión, autoridad y sacrificio encierran en sí mismas humildad, pasión, amor, paciencia, dominio propio, sabiduría y fe. Dios quiere dártelas; sólo debes dejarlo moldear tu corazón. Debes reaccionar correctamente a las pruebas, con la confianza de que Dios tiene planes para ti porque te ama. Para eso, necesitas pasar tiempo en su presencia y rendirte a él.
David buscaba a Dios con sinceridad. Hablaba con él en la intimidad. Componía salmos cuando estaba afligido, cuando estaba contento o cuando necesitaba confesar un pecado. Todo en su vida era motivo de diálogo con Dios. Por eso la Biblia dice que David era “conforme al corazón de Dios”.
Después de reconocer su más vergonzoso pecado David fue directo a la presencia de Dios a derramar todo su ser allí. Eso es lo que lo hizo un líder distinto.
Podemos hacer nuestra su canción en el Salmo 51.
Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado. Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable.
Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre. Yo sé que tu amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado.
Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu Santo Espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga. Así enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se volverán a ti. Dios mío, Dios de mi salvación, líbrame de derramar sangre, y mi lengua alabará tu justicia.
Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza… El sacrificio que te agrada es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias al corazón quebrantado y arrepentido. En tu buena voluntad, haz que prospere la iglesia.
Tomado del libro: Viene David
Por: Lucas Leys
El propósito general del liderazgo cristiano de adolescentes es poder presentarlos maduros en Cristo Jesús en cada area del desarrollo.
Claro que este propósito general esta contemplado desde una perspectiva integral donde cada componente del desarrollo humano (Físico, intelecto, emociones, el area social y la espiritual) es trascendente.
Por eso para alcanzar este cometido es importatísimo considerar que cada etapa es única y tiene sus mas particulares características. Llevandolo a la práctica quiere decir que no podemos seguir pensando que los adolescentes de 12 años que recien estan en Junior High son iguales a las jovencitas que se preparan para el prom de fín de High School, o los jóvenes de 24 que estan pensando en que casarse no seria una mala opción.
Quiere decir que a la hora de planear las actividades juveniles de nuestra iglesia tenemos que pensar seriamente en que debemos tener un ministerio especifico para cada edad.
MI HISTORIA
Hace ya dos años que habia llegado a esa iglesia. El ministerio de jovenes era mucho mas un grupo de jovenes que hacian actividades cristianas bajo las cuatro paredes de la iglesia que un “ministerio de jóvenes”.
El pastor anterior habia sido una especie de padrino para muchos. Claro que era muy querido y habia sido muy importante en la vida de algunos de los chicos. Pero no habia programa, todos estaban juntos no importando la edad y las actividades rondaban en autoabastecer a un grupo limitado de amigos sin existir propósitos, metas, estrategias ni mecanismos de trabajo. La única diferencia que habia entre este grupo y cualquier otro de la iglesia era la edad de los que participaban pero no habia nada especializado para sus necesidades.
Lo primero que me propuse fue dividirlos por edades. Como la cantidad no era la suficiente como para tener actividades completamente separadas (eran entre 20 y 40) organizamos algo intermedio. Durante un tiempo de la reunion estabamos juntos y en otro nos separabamos entre menores y mayores de 18. Seleccioné un par de voluntarios para hacer de lideres con los de cada edad. En estos tiempos de estar divididos cada grupo era mucho mas atractivo para los nuevos chicos y chicas. Cuando los lideres estuvieron mas seguros en su rol nos terminamos dividiendo.
Al principio muchos temian de que iban a quedar muy pocos con cada edad. Pero al haber mas participación (de los lideres por ejemplo) cada grupo empezó a crecer. Busqué de que cada edad tuvieran su propio salón de reuniones y como las instalaciones de nuestra iglesia lo permitian pronto pudieron sentir que un lugar les pertenecia.
Al año la concurrencia se habia multiplicado. No solo porque era posible tratar cada temas con puntos de contacto más efectivos con cada edad sino porque en el caso de los padres se les hizo mucho más confiable traer a sus adolescentes de 15 a estar con otros de la edad que trater los a juntarse con otros de más de 20 y ademas porque al haber más participación de los líderes se habia crecido en madurez y experiencia.
Tengo que decir que ademas de la división por edades que es el tema de este artículo-testimonio, programar con tres meses de anticipacion y transformar las actividades para que no parecieran tan cristianoides (copiar todo lo de los adultos) fueron otras de las claves.
Despues de ese año pudimos dividirnos, según lo planeado, en tres edades. De 12 a 14 que son los de Junior High, de 15 a 18 que son los de High School y de 19 hacia arriba que son los de College (aunque nunca llamamos a este ministerio asi porque muchos de los concurentes no estudiaban).
La efectividad para conseguir el próposito de ministerio juvenil creció tremendamente. Hasta los abuelos de la iglesia notaron que sus nietos estaban mejor contenidos, que venian a la iglesia super contentos y que crecían en madurez espiritual. Los líderes de cada uno de estos tres grupos formaban una célula conmigo y a su vez ellos tenian sus propios ayudantes dentro de cada grupo.
La manera en que todo se siguio desarrollando fué que habia jovenes en células que a su vez tenian sus propias células aunque siempre funcionaban según la edad de los participantes. En el paso de ese segundo año el grupo pasó a ser verdadaeramente un ministerio con distintos departamentos y la concurrencia se habia cuademplicado con respecto al comienzo.
EL FIN
Varios prejuicios impiden que los ministerios juveniles de las iglesias hispanas tengan ministerios especializados para responder a las necesidades de cada edad. Uno está enraizado en el temor a que si dividimos van a quedar tan pocos que se van a desanimar. Otro es el temor a delegar en otros cuando no podemos estar en todos lados a la vez. O quizas nuestro pecado sea ser indiferentes a que cada edad merece ser alcanzada teniendo en cuenta las características con las que el mismo Dios las creo.
Creo que son incontables los beneficios de separar a los jóvenes por edades y a su véz situarlos en groupos de amistad pequeños donde puedan desarrollarse hasta el maximo de su potencial. No pierdas más tiempo.
Por Allan Salinas
Se encontraban descansando bajo la sombra de un árbol, sentados cada uno en su vieja y cómoda silla mecedora. Llevaban mantas en las piernas, anteojos en su rostro y cada uno con una gorra de un color ya gastado, típico en personas de su edad, Conversan sobre tiempos pasados, hablan de sus viajes, de los lugares que conocieron, de los líderes que admiraban, de sus esposas que pasaron de ser hermosas mujeres a ser adorables ancianas al igual que ellos. Uno cuenta de la emoción que era realizar cada Súper clásico: el prepararse, el ver a la multitud. El otro habla de lo difícil que resultó que América Latina comprendiera la importancia de preparar nuevos líderes. Los dos viejos descansan mientras esperan que llegue un tercer amigo: aquel viejo regordete medio controversial. Juntos compartirán una taza caliente de chocolate, contentos de haber cumplido su misión en esta vida, y comentaran de lo que han dejado atrás…
Quizás esto nunca ocurra. Hoy ocurre al escribir este articulo e imaginarme a Lucas Leys, a Junior Zapata y a Dante Gebel, recordando cosas, ya viejos en un asilo. ¿Por qué lo imagino así? Porque pienso en la importancia de que una generación tenga modelos a seguir, líderes y pensadores, gente de influencia, como ellos. Es que la iglesia no se escapa de tener estos modelos y líderes que con sus ideas han marcado en mas de alguna ocasión la mente y corazón de un raquítico adolescente como algún día fui yo.
Desde adolescente vi desfilar predicadores invitados por las tarimas de eventos y congregaciones; fui como cualquier otro que fue de evento en evento tratando de encontrar un lugar en este universo ministerial que se ha vuelto competitivo y voraz en muchos sentidos.
Ahora bien, aunque reconozco la importancia de los líderes continentales en la iglesia, (porque no podemos negar que hombres como Marcos Witt, Harold Caballeros, Dante Gebel, Junior Zapata, Lucas Leys, Alberto Motessi y, por supuesto, Luis Palau, han influenciando a las generaciones pasadas, actuales y futuras de la iglesia) hoy quiero señalar unas cuantas necesidades y quizás por qué no decirlo, errores en los que hemos caído.
Tengo varias preguntas: ¿Quienes son los líderes de esta generación? ¿Serán estos que hoy imaginé ya viejos?, o ¿serán los iconos culturales, esas estrellas de cine enflaquecidas que definen las medidas de imagen de millones de adolescentes? A lo mejor, ¿Serán los conferencistas con sus altos standards de vida? O, ¿Serán los de dudosa reputación y comportamiento destructivo que llenan las portadas de revistas?
Es que si al darnos cuenta de que los líderes de nuestra generación son estos capacitadores, escritores, cantantes, curas, entrenadores, conferencistas, predicadores y pastores, pero al mismo tiempo vemos el retrato completo de la misma generación latinoamericana, cuyas cifras de sus problemas son alarmantes, cabe preguntarnos si realmente hay una influencia significativa o sólo un buen manejo de medios y una impecable organización de eventos.
Ahora bien, si estos referentes nuestros no constituyen influencias continentales, al menos no en el impacto que una cultura necesita, ¿quiénes son la esperanza de esta generación y las venideras? ¿Quién debe orientar y hablarle al oído a cada adolescente que hoy esta tomando decisiones equivocadas?
Al pensar esto sugiero en atrevida e insolente opinión algunas cosas.
1) Reforzar las filas: capacitar y entrenar a la iglesia local, pero que cada congregación se preocupe por incrementar sus conocimientos. Pastores generales compartiendo la carga con los pastores y líderes juveniles no es tarea fácil. Reforzar las filas implica una decisión de cambiar estructuras, de dejar a un lado egos y comprometerse con los quince o veinte revoltosos que se juntan cada sábado en la iglesia; comprometerse a acompañarlos en su camino hasta que logren convertirse en gente de influencia, en áreas como la política la medicina, la ciencia, el arte. Es tarea de la iglesia local estudiar y aprender las formas de comunicarse con esta y las futuras generaciones.
2) Dirigir nuestros esfuerzos: encontrar el norte correcto para cada ministerio. Comprender que el mejor predicador para los jóvenes a mi cargo debo ser yo, implica mejorar en mi predicación, mejorar en mi forma de aconsejar, mejorar las actividades que hago, pero principalmente mejorar la forma de instruir discípulos.
3) Equilibrio: encontrar el equilibrio entre la formación espiritual y el crecimiento integral. Dejar de crear jóvenes espiritualmente fuertes pero socialmente desadaptados, como también, dejar de formar mentes tan abiertas que nieguen los mismos cimientos de la fe.
4) Compromiso: Entender que el pastor de los jóvenes es QUIEN LEE ESTO, quien lo comparte o quien sea que Dios tenga frente a un pequeño o grande grupo de jóvenes, comprometerme a dar de mi tiempo, mi dinero, mi esfuerzo, mis ideas y convertirlas en nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestras ideas, formando a otros con la misma pasión y deseo de servir.
5) Humildad: Jesús siendo el único que merece ser exaltado nos mostró humildad, sirvió a otros, lavo nuestros pies, dejo su trono de grandeza, para sentarse en la bajeza del corazón humano, como dijera alguien, “halla en nosotros este mismo sentir, y pensemos en humillarnos” dejemos a un lado los delirios de grandeza, que se nos quite el complejo de Mesías, por que Salvador el mundo solo necesita uno, JESUS.
Así, pues, hacer que se retiren Lucas, Dante y Junior no es tarea mía, ni de alguien que lea esto, pero el hecho de que la iglesia local haga su trabajo y sirva a cada congregación con la excelencia con la que tipos como estos hacen las cosas, así dejarán de ser indispensables, para convertirse en únicamente imitables. Somos cada uno de nosotros los llamados por Dios; no hay llamados clase VIP, ni ministerios clase “Gold”. Jesús nos dio el mismo mensaje, la misma tarea. Es hora de descubrir cual es nuestra forma de cumplirla y dejarnos de cualquier excusa que nos lo impida.